En esta ciudad el otoño no tiñe las hojas de en escalas de color fuego; simplemente llueve como siempre. No me quejo, pues mi olor favorito siempre ha sido el de la lluvia golpeando la tierra. Ese olor huele a casa, donde sea que sea que me encuentre.
Mis otoños siempre han estado plagados emociones intensas; de ilusiones y añoranzas; de quimeras y desencantos. Los mejores amores los conocí en el otoño. La primera vez que entregué mi cuerpo y alma a alguien fue en otoño. La primera vez que mi vida se quedó sin magia fue en otoño. El día que los tuve en mis brazos después de soñarlos y esperarlos tanto fue en otoño. Y es así como los otoños han marcado mi vida una y otra vez con pinceladas incandescentes y sombrías.
En unas semanas se viene mi otoño número treinta y cinco. Muchas veces me he preguntado si le debo a la estación esta melancolía tan mía, o si es simplemente una casualidad más.
Da igual,
Sólo pido que siga sorprendiéndome;
es señal que sigo viva.
Te cambio la lluvia por las hojas en escala de color fuego.
ReplyDeleteLa lluvia es mi mejor amiga... pero se marchó y sólo viene de vez en cuando.
Es caprichosa... como alguna que yo me sé.
Besos.