Thursday, February 21, 2019

Bitácora

Cada vez son más frecuentes los días en que despierto con unas ganas irrenunciables de arrancarme la piel. 


No entiendo qué es esto que estoy haciendo. 


Cada vez se pierden y encuentro más pedacitos de mi y me cuesta más y más recordar quién quiero ser. 

Cuatro ojitos hermosos y tiranos me estiran y me encogen a su antojo. Añoro los minutos en silencio, pero cuando llegan lo único que siento es pánico. 


Hay gritos y risas y sueños afuera y adentro. 


Mi cabeza da vueltas. 
                               Quiero reír. 
                                               Quiero llorar. 
                                                                 Quiero gritar. 


No hay abecedario suficientemente valiente para querer quedarse. 


Encuentro un hermoso confeti de lo que alguna vez fueron crayolas con quienes dibujé muchos sueños. Me topo con dos sonrisas pintando el arcoíris más hermoso que visto en mi vida. Me gustaría tomarme un momento para poder bebérmelo a sorbos, pero no hay tiempo.


El lavabo se ha convertido en una fuente 
y hay agua en todas partes. 


Tengo ganas de armar un barco de papel y ver hasta dónde llega.  


Alguien llama a la puerta insistente. 


De seguro al vecino de abajo no le gustan las cataratas.

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