Cada día el cuerpo más cansado.
Diez días antes me descubro arrastrando la pierna.
A lo mejor se me pasa, es un calambre.
Diez días después estoy medio loca ya.
El dolor insaciable se apodera de mi cuerpo:
No duermo.
Cada vez hay más miembros agonizando
—mis brazos, mis manos, mi cuello—
como si la vida misma busca estrangularme,
amarrarme a una cama o a una silla,
matarme las pocas ganas que me quedan,
de a poquitos, hasta terminar de apagar la luz
en estos ojos que no paran de soñarte.
[Si no te mata el bicho, te matan las secuelas.]
Eso es que estás creciendo...
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