De vez en nunca, la vida me regala pequeños placeres que quedan tatuados en lo más profundo de mi ser.
La correspondencia y las letras. Mi obsesion de casi ya media vida.
Escuchar tu voz después de meses de extrañar hasta la silueta de tu sombra.
Perderme en letras que me conmueven hasta mi misma esencia.
Los abrazos de mis querubines.
Respirar profundamente sin sentir que el aire no llega.
Una tarde soleada...
A veces, me siento la persona más rica del mundo.
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