Desde hace ya varios meses,
deambulo por la vida con los sueños heridos de muerte.
Mis soledades maúllan y me carcomen la carcasa,
y mis manos agonizan escupiendo versos y prosa sobre lo que no será;
queriendo romantizar quizás el dolor de querer lo inalcanzable,
o quizás buscando dejar plasmado en algún lado todo este océano de sentimientos encontrados.
De querer no quererte.
De buscar no buscarte.
De desear no desearte.
Me duele. El silencio me duele.
Tu falacia también.
El elefante en la habitación también.
Cada vez es más grande.
Cada vez más absoluto.
Me sofoca y estrangula la esperanza.
No puedo verte.
Igual no debo hacerlo.
Pero mis ojos arden de ganas.
Siempre quiero lo que no debo.
Maldita obsesión con lo prohibido.
Quiero arrancarme la piel para dejar de sentir como ardo por ti.
Quiero dejar de sentir cómo me quedo sin aliento con ese beso que me robaste.
[y todos los que le siguieron]
Quiero asesinar hasta la última mariposa en mi estómago.
Quiero terminar de morir ya y poner punto final a esta historia.
¿Cómo hago para regalarme la paz de la resignación absoluta?
¿Cómo hago para absolverme el alma que se me ahoga en culpas?
Culpa de querer no querer.
Culpa de desear no desear.
Culpa de vivir sin vivir.
No tienes que halar del gatillo para asesinarme.
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