A veces
te veo
desvanecerte,
viejos recuerdos
que lucho por recordar;
como el olor de un transeúnte,
los sentimientos
vienen y van.
Mi cama es mi propio pequeño templo que mantiene alejados a los extraños;
somos solo mis fantasmas y yo.
Sueños mutilados
gritan dentro
mis pasillos vacíos;
buscando desesperados
algun tipo de redención
que nunca
llegara.
A veces
entrecierro los ojos
y te imagino
acostado aquí,
muy cerca de mí.
Aun soy fanática
de los océanos
de sábanas blancas.
Aun puedo
revivir
con precisión
mi pulso acelerado
al sentir
tus brazos huesudos
envolviendose
a mi alrededor.
El tiempo se detiene.
Siempre he amado
la forma en que tu
me miras
cuando piensas
que no puedo verte.
Puedo sentir
como tus ojos
bailan con cada uno
de mis movimientos.
Los ecos
de tu risa
retumban a través
mis pasillos
como furiosas ráfagas de viento
derribando
cualquier cosa
que encuentren
que sigue en pie.
Los silencios hierven
ahogados
en mi incesante necesidad
de gritar
tu nombre,
incluso
en la forma
de susurros.
Este colchón es un hermoso paisaje de lápidas
y epitafios escritos con precisión.
Este
no es lugar
para reparar
corazones sangrantes.
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