El dolor y la melancolía
escoltan mi camino
como perros fieles
a los pies de su amo,
cubren mis heridas
de un aliento frío
que me agrieta el alma
y dirigen mis pasos
desde el infierno de los vivos
a la nada de los muertos.
Recuerdos...
la tristeza,
la imposición
y el silencio...
el miedo...
nunca un tiempo pasado fue mejor
así como no hay futuro bueno,
sólo existe un hoy vacío y negro.
Pernocto
en brazos de la soledad
que me brinda el desamor
de aquel a quien un día veneré,
amante que impregna de gélida indiferencia
mi piel cada noche...
y mi corazón claudicó
ante el desprecio de su voz.
Sustento una lealtad incomprendida,
fidelidad yerma e inapreciada
al amparo de una vieja promesa
pero mis ojos buscan afligidos
el consuelo de un ser
que la distancia jamás me concederá alcanzar...
mi pecado y penitencia.
Los años pasan lentamente
en la tierra del olvido...
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