lloran paredes que me aplastan,
se abren grietas descascarando
el murmullo de unos labios que no pueden pedir;
y solo veo,
bajo el velo de mis humedecidos ojos,
una llama de contornos oscuros,
que como luciernaga,
brilla y agita sus transparentes
y nerviosas alas,
en el profundo bosque donde sopla la nostalgia,
donde la promesa de sosiego
es que un rayo me parta
y recoja esa atrayente
y perdida fogata
que yace en el fondo del pozo
olvidada y abandonada:
muy parecida a mi reflejo
dibujado en todas mis cartas sin escribir.
Los años pasan lentamente
en la tierra del olvido...
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