Nadando en mi sangre estabas,
latiéndome en el corazón,
estrujándome las venas,
matándome desde ahí,
adentro.
Me recorriste el cuerpo entero
hasta esconderte tan bien
que por más que quise encontrarte
-ya no sé si para verte o correrte-
no lo logré.
En éxtasis observé
las huellas de mis pies
sobre los charcos rojos
que derramé por las calles,
intentando descubrir
si era tu afán de quedarte
o el mío
de saberte dentro.
En el cuarto obscuro
me quedé tirada,
con la pistola en la mano izquierda,
los ojos perdidos en el fuego
y el alma perdida entre los muertos,
derramándome en la esquina,
existiéndote,
suicidándonos...
Bang.
Intenté escribir unos cuantos versos
para esbozar las líneas del adiós;
luego los rompí en mil pedazos
porque el dolor es inefable,
y solo se siente en el corazón...
para esbozar las líneas del adiós;
luego los rompí en mil pedazos
porque el dolor es inefable,
y solo se siente en el corazón...
Cada día que no escribas deberían encarcelarte.
ReplyDeleteEs un crimen que no lo hagas.
Besos.