Todavía puedo percibir el brillo de tu alma entonces:
rayo de luz vibrante en la oscuridad de la inquietud
rayo de luz vibrante en la oscuridad de la inquietud
cuyo regazo cubrió con ternura mis miedos.
Cobijé mi alma entera en tus brazos;
cuando el dolor inundó los confines de mis ojos
mis lagrimas murieron agarradas a tu cabello.
Te convertí en el dios de una fe que nunca tuve.
La esperanza es la utopía de los condenados,
su amor alimenta los fuegos del infierno.
cuando el dolor inundó los confines de mis ojos
mis lagrimas murieron agarradas a tu cabello.
Te convertí en el dios de una fe que nunca tuve.
La esperanza es la utopía de los condenados,
su amor alimenta los fuegos del infierno.
Entre las llamas, en algún lugar del camino
Perdí al dios y encontré el veneno
que consumo de tus labios inexpresivos.
Perdí al dios y encontré el veneno
que consumo de tus labios inexpresivos.
Te miro y no te encuentro en lo que veo;
No sé quién eres, no puedo reconocerte.
No sé quién eres, no puedo reconocerte.
Tus besos saben a apatía y rencor,
un cóctel de rutina y desinterés.
un cóctel de rutina y desinterés.
Los meses pasan como siglos en tus hombros,
y pareces alegrarte en la amargura de tus días.
y pareces alegrarte en la amargura de tus días.
Mientras te arrepientes de una extraña suerte,
soy juzgada y condenada a tu resentimiento.
Soy el odio en tu mirada, la rabia y la frialdad.
En tu caída me has dejado huérfana de ilusiones;
las luces se están apagando, ya no puedo ver el camino.
He perdido esta lucha contra tu indiferencia
y has matado el amor que una vez tomaste como prisionero.
Ya no puedo sentir los latidos de tu corazón.
y has matado el amor que una vez tomaste como prisionero.
Ya no puedo sentir los latidos de tu corazón.
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